Octubre, mes de las Misiones

Por: Pbro. Lic. Santiago Enríquez Rangel |

Rector del Seminario |

… y el Seminario debe ser misionero por naturaleza.

La voz de nuestros Obispos, reunidos en la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Aparecida, Brasil, en mayo del 2007, es clara: nadie nos tenemos que quedar con los brazos cruzados, sino que debemos salir e ir en busca de aquellos hermanos nuestros más alejados, muchos de ellos bautizados. Es tiempo de evangelizar a tiempo y destiempo.

Estas palabras de nuestros Obispos resuenan en nuestros oídos y en nuestros corazones; es por eso que el Seminario, corazón de nuestra Diócesis de Matamoros, va connotando ese espíritu misionero en la formación de cada uno de los Seminaristas y en cada una de sus actividades apostólicas. Los Seminaristas son conscientes de dos cosas, a saber: cada uno es un promotor vocacional y misionero por la naturaleza del llamamiento que Dios les ha hecho para formarse como Pastores de su Pueblo.

Desde muy temprana edad y etapa de formación, es decir, desde preparatoria, hasta las etapas finales, de Teología, tienen la oportunidad, los del Seminario Menor, de adquirir las suficientes bases doctrinales y elementos pedagógicos para desarrollar una experiencia progresiva de apostolado, además, de ir conociendo progresivamente la realidad pastoral de nuestra Iglesia Local y de la comunidad parroquial en la que sirven. Los Seminaristas de Teología, por su parte, tienen como objetivo vivir una comunión cada vez más profunda con la caridad pastoral de Cristo a través del estudio teológico y de las experiencias pastorales que los hagan sensible a las necesidades de su pueblo.

Todo el trabajo pastoral se realiza bajo la óptica misionera. Teniendo en cuenta lo dicho anteriormente, podemos participarles de los diversos momentos en los cuales los Seminaristas realizan una labor misionera:

1. En algunas Parroquias, Rectoría o alguna Pastoral Específica (Vocacional, Economía, Medios Impresos y Proyección comunitaria, de la Salud, Bíblica, Penitenciaria y con los Seminaristas menores) todos los sábados durante el curso escolar.

2. En fechas próximas a la colecta anual del Seminario realizan una semana en los Colegios Católicos y algunas otras Instituciones Educativas.

3. De manera especial en la Semana Santa.

4. Durante el verano, en el mes de junio. 

Las experiencias que los Seminaristas van teniendo en las diferentes etapas de su formación son muy enriquecedoras para ellos en su itinerario vocacional, pero también las comunidades parroquiales de nuestra Diócesis se enriquecen: por su presencia, carismas y labor apostólica que ellos realizan. El Seminario forma el corazón de Pastor en cada uno de los Seminaristas, un corazón misionero. Ellos y, gracias a las oraciones de toda nuestra Iglesia, se esfuerzan cada día para ser sacerdotes santos. Saludos y Bendiciones.

Curso Escolar 2011 – 2012

Por: Pbro. Lic. Santiago Enríquez Rangel |

Rector del Seminario de Matamoros |
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Bienvenidos al nuevo curso escolar 2011-2012 de nuestro Seminario, “espacio privilegiado, escuela y casa de formación de discípulos y misioneros” (Documento de Aparecida, 316).

Después de haber vivido durante junio y julio una serie de acontecimientos en nuestra Diócesis, signos de la presencia amorosa de Dios para quienes transitamos en esta Iglesia particular de Matamoros: Toma de posesión de Mons. Faustino Armendáriz Jiménez como IX Obispo de la Diócesis de Querétaro, a la que todo el Seminario asistió; la Promoción Vocacional de verano en las diferentes Parroquias de nuestra Diócesis; la muerte del P. Marco Antonio Durán Romero; el Preseminario, y sus frutos; el nombramiento de nuestro nuevo Padre y Pastor Mons. Ruy Rendón Leal, V Obispo de Nuestra Querida Diócesis de Matamoros; y ahora el inicio de un nuevo curso escolar que nos llena de alegría, de esperanza y de gratitud al dueño de la mies por favorecer con la perseverancia a los Seminaristas que continúan su formación, y por el gesto generoso de llamar a nuevos jóvenes, nuevos Seminaristas, que iniciarán su itinerario en este exigente camino de la formación al Sacerdocio Ministerial.

Dentro del Equipo Formador también hay novedades: el P. Jesús Carlos Palacios Peña se desempeña como nuevo Ecónomo del Seminario y continúa como Coordinador del Instituto de Teología, y el P. Felipe Manuel Arteaga Becerra se ha reintegrado al Equipo Formador como Secretario General, Coordinador de la Dimensión Académica del Instituto de Teología, Prefecto de estudios de todo el Seminario y Administrador de la Imprenta del Seminario y de la casa Editorial “Galilaeus”. Los demás miembros del Equipo Formador continuamos con nuestros Oficios.

 Ahora les doy la bienvenida y les presento en números a nuestros nuevos Seminaristas: Para preparatoria: 11 a primero, 2 a segundo y 2 a tercero; 12 al curso de Humanidades. Sumamos a este número 6 jóvenes que  retoman su formación después de haberla suspendido por alguna razón; para el Curso de Humanidades: 2; para el Curso Introductorio: 1; para primero de Filosofía: 1; para segundo de Filosofía: 1; para primero de Teología: 1. Finalmente sumamos: 27 nuevos Seminaristas, 6 reingresos y 65 que perseveran en su formación, hacen un total de 98 Seminaristas para nuestra Diócesis para el presente curso escolar que hemos iniciado el 5 de agosto.

Sabemos que no es fácil la tarea de formar sacerdotes, pero confiamos en las oraciones de toda la gran familia que integra nuestro Seminario y en el trabajo que nos toca a cada uno hacer como protagonistas de la  formación de los jóvenes que quieren consagrar su vida al Señor.

Estimados Seminaristas, este nuevo curso escolar es un reto para cada uno, que deberá enfrentarlo con valor y entera disposición de entregar su vida por el Señor, con amor y con un espíritu de sencillez y ardor. Que el sí que le han dado a Cristo se refleje en su diario vivir y en su testimonio de vida de quienes han optado por el Señor. Estudien con dedicación y entusiasmo, oren mucho y con perseverancia, de manera que puedan prepararse para responder a las exigencias del mundo de hoy, tan necesitado de paz.

A ustedes hermanos sacerdotes y fieles de todas las comunidades parroquiales de nuestra Diócesis, muchas gracias por todo lo que hacen por nuestro Seminario y por el amor que le manifiestan. A todos mi saludo y bendición.

Aprendiendo a ser pastor en el Seminario Menor

Por: Braulio Humberto Martínez Chávez|

Seminarista de Magisterio|

Identificar cuáles son nuestras funciones y trabajar en ellas me permitió responder con generosidad a este llamado que durante un año ejercí y me permitió avanzar en este proceso de formación sabiendo que, en cualquier responsabilidad que se nos encomienda, hemos de dejarlo todo para así poder guiar, pero también dejarnos guiar por aquellos que se preocupan por nuestra formación y nos ayudan a forjar nuestro carácter y sobre todo a trabajar en comunión, por ello agradezco el acompañamiento que el equipo formador me brindó y me dio y agradezco a los jóvenes seminaristas por haberme dado la oportunidad de acompañarlos en esta etapa de inicio.

Pensar en la entrega generosa del sacerdote, es detenernos a mirar hacia nuestro interior e identificar qué es lo que va dando sentido a nuestra entrega diaria, y sobre todo a luchar por alcanzar un ideal y no una meta, porque, metas, día a día nos proponemos y alcanzamos, pero el ideal para esta vida que he elegido es la santidad y ésta sólo se obtiene siendo generoso en mi entrega diaria. Cada una de estas palabras engloba la responsabilidad y el compromiso que durante este año realicé, quizá siendo consciente de que era  algo difícil, pero que cuando se confía en que es  Dios el que llama, Él mismo nos da las herramientas para mostrarlo a través  de lo que hacemos.

Al estar ayudando en la formación de los jóvenes seminaristas, pude ver  con precisión que las decisiones que toman los formadores son para el bienestar de los formandos. Aun y cuando aportaba algo en los jóvenes para su discernimiento, en ellos encontré grandes virtudes, que en lo personal me ayudarán para seguir en mi maduración vocacional. Al pedirles y motivarlos a la formación debida para ser unos buenos pastores. Todo esto, a mí también me exigía compromiso y responsabilidad para mostrarles con ejemplo y testimonio lo que yo les pedía que realizaran.

Con las clases que impartí, tuve la oportunidad de tener momentos de  estudio y de investigación. Leí algunos libros, traté de buscar métodos y la forma de motivar e impulsar la responsabilidad en los muchachos. Dejarnos tocar por la Palabra de Dios es escuchar y atender al llamado que cada uno de nosotros tiene y no negarnos esta oportunidad de ir más allá de un simple responder, sino responder y amar sin trabas, sino con la confianza de que Dios recompensará nuestra entrega, es así, que en cada uno de los espacios que se tenían dentro del horario del Instituto para las oraciones del día, en lo personal me ayudaron para acrecentar en mi oración personal y comunitaria. Una de mis motivaciones para ir creciendo en la oración, era ver cómo los jóvenes seminaristas iban creciendo en su espiritualidad, y que lo consideraban como un momento privilegiado de nuestro día. Una frase que escuchaba diariamente en el Curso Introductorio y que me motiva para acrecentar en mí la oración, es la que dice: “el sacerdote es maestro de oración”.

El apostolado del año de magisterio que realizo en el presente año escolar es para mí un tiempo para fortalecerme como futuro pastor e ir formándome en mi entrega total al pueblo de Dios. También descubro la voluntad de Dios en las encomiendas que hacen los Padres formadores y en especial en la comunidad del Seminario Menor.

Es la Palabra de Dios en la que descubro la invitación a no tener miedo, a no desfallecer en mi lucha diaria, donde busco darlo todo, así como Él ya nos ha dado todo. De antemano pido a Dios que derrame abundantes bendiciones a mi hermano Francisco Fernández para que en comunión con los padres pueda seguir mostrando la debida formación que se requiere y así, ser un buen pastor. Muchas gracias, que Dios los siga bendiciendo.